Historia del mal

La conquista de Chipre: 1570

Durante siglos, Chipre fue una de las piezas más codiciadas del Mediterráneo oriental; en 1570 pertenecía a la República de Venecia, que dominaba la isla desde finales del siglo XV y la utilizaba como enclave comercial y militar frente al creciente poder otomano. En el verano de 1570, el sultán Selim II envió para la conquista de Chipre una enorme fuerza comandada por Lala Mustafa Pasha. El objetivo inmediato era Nicosia, la capital. Sus modernas murallas, construidas siguiendo los principios de la fortificación renacentista, parecían capaces de resistir, pero no fue así.

El sitio comenzó en julio. Durante aproximadamente seis semanas, la artillería otomana golpeó las defensas mientras miles de soldados excavaban trincheras y preparaban sucesivos asaltos. Dentro de la ciudad comenzaban a escasear las municiones, mientras la ayuda veneciana nunca llegaba.

El 9 de septiembre de 1570, después de numerosos ataques, los otomanos consiguieron romper las defensas, entonces comenzó el horror. Nicosia había sido tomada por asalto y, conforme a las prácticas bélicas de la época, la población quedó prácticamente a merced de los vencedores.

Durante tres días la ciudad fue saqueada, casas, palacios e iglesias fueron registrados en busca de dinero, joyas y objetos de valor. Los defensores supervivientes fueron ejecutados y numerosos habitantes civiles murieron en las calles.

La Encyclopedia of the Ottoman Empire confirma la extraordinaria violencia del saqueo y señala que precisamente su ferocidad provocó que otras fortalezas chipriotas prefirieran rendirse sin combatir.

Una cifra repetida tanto por fuentes tradicionales como por publicaciones oficiales chipriotas sitúa en alrededor de 20 mil las personas muertas durante la caída y el saqueo de Nicosia.

Mujeres, niños y jóvenes fueron separados entre los cautivos y convertidos en botín de guerra, algunos fueron vendidos posteriormente en los mercados de esclavos del Imperio otomano.

En aquella conquista de Chipre, una persona podía pasar en cuestión de horas de habitante de una ciudad europea a propiedad de un soldado que podía venderla, regalarla o trasladarla cientos de kilómetros.

Niccolò Dandolo, responsable veneciano de la defensa de Nicosia, murió durante la caída de la ciudad, su cabeza fue cortada y enviada hacia Famagusta, la última gran fortaleza que permanecía en manos venecianas.

Famagusta, la ciudad martir

Pero Famagusta no capituló, al mando de su defensa se encontraba Marcantonio Bragadin, acompañado por el militar Astorre Baglioni.

Durante casi un año la ciudad resistió mientras el ejército otomano construía posiciones, excavaba minas bajo las fortificaciones y castigaba las murallas con artillería. Los defensores reparaban durante la noche lo que los cañones destruían durante el día.

Venecia consiguió enviar a Chipre algunos refuerzos durante el invierno, aprovechando que parte de la flota otomana se había retirado temporalmente.

A comienzos de 1571 llegaron alrededor de mil 300 soldados adicionales, un auxilio valioso pero muy inferior al que necesitaba la ciudad.

El testimonio del superviviente veneciano Nestore Martinengo calculó que Famagusta llegó a reunir entonces unos 4 mil soldados de infantería, 800 milicianos, 200 combatientes albaneses y cerca de 3 mil ciudadanos y campesinos capaces de colaborar en la defensa, alrededor de 8 mil hombres en total, aunque no todos eran tropas profesionales.

Frente a ellos se encontraba un ejército inmensamente superior; las fuentes venecianas de la época llegaron a atribuir a Mustafa entre 200 mil y 250 mil hombres, cifras que los historiadores consideran probablemente exageradas.

Estimaciones más prudentes sitúan la fuerza otomana que había acudido a la conquista de Chipre inicialmente en torno a 50 mil infantes y 2 mil 500 jinetes, reforzados posteriormente con nuevas tropas.

A mediados de 1571, la situación dentro de la fortaleza era desesperada. Las municiones y los alimentos estaban prácticamente agotados y la ayuda prometida por Venecia no aparecía.

Después de resistir los grandes asaltos otomanos, Bragadin comprendió que continuar sólo retrasaría unas semanas lo inevitable.

El 1 de agosto de 1571, Famagusta pidió negociar; Mustafa aceptó unas condiciones extraordinariamente favorables: los soldados venecianos podrían abandonar Chipre con sus armas y serían transportados hasta territorios controlados por Venecia.

Los habitantes cristianos podrían marcharse o permanecer en la ciudad; durante varios días pareció que el acuerdo sería respetado.

Hasta el encuentro final entre los vencedores y los comandantes de Famagusta.

La conquista de Chipre y el horror

El 5 de agosto, Bragadin acudió ante Lala Mustafa para entregar formalmente la ciudad; durante aquella reunión surgió una acusación que cambiaría todo: Mustafa responsabilizó a los venecianos de haber asesinado prisioneros musulmanes que se encontraban en su poder.

Mustafa ordenó detener a los oficiales: Astorre Baglioni y otros mandos venecianos fueron ejecutados.

A Bragadin le esperaba algo diferente, primero le cortaron las orejas y la nariz.

Después lo mantuvieron cautivo durante días mientras sus heridas se infectaban.

Finalmente fue sacado para una ejecución concebida no sólo para matarlo, sino para destruir públicamente la dignidad del enemigo derrotado.

Lo obligaron a cargar peso por las calles y fue exhibido ante soldados y habitantes de la ciudad; después fue conducido al lugar donde recibiría uno de los castigos más célebres y atroces de las guerras mediterráneas del siglo XVI.

Marcantonio Bragadin fue desollado vivo.

La fecha exacta varía entre algunas crónicas y estudios —se sitúa a mediados de agosto de 1571—, pero el hecho esencial está sólidamente documentado.

Incluso investigaciones recientes dedicadas específicamente a sus restos confirman que la ejecución se realizó por orden de Lala Mustafa.

Pero el tormento no terminó con su muerte, la piel de Bragadin fue conservada.

Los vencedores la rellenaron para formar una macabra representación del comandante muerto y la exhibieron como trofeo de guerra. Posteriormente fue trasladada fuera de Chipre y terminó en Constantinopla.

Décadas después, sus restos terminarían en Venecia, donde Bragadin fue transformado en símbolo del sacrificio de la ciudad perdida.

Chipre, tres siglos bajo el Imperio Otomano

Con la caída de Famagusta terminó la resistencia veneciana y la conquista de Chipre.

La isla pasó a formar parte del Imperio Otomano, que la gobernaría durante más de tres siglos. Apenas unas semanas después, el 7 de octubre de 1571, las flotas cristianas y otomanas se enfrentarían en Lepanto, una batalla que quedaría marcada por el deseo de revancha provocado, entre otras cosas, por las noticias procedentes de Famagusta.

Lepanto destruyó gran parte de la flota otomana.

Pero no devolvió Chipre a Venecia.

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Fuentes de referencia

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