Cuentos

Relatos donde la penumbra siempre sabe tu nombre.

Número 13

Los criados dejaron caer al suelo las barras de hierro que habían traído y declararon tajantemente que no pensaban arriesgar sus cuellos entrando en aquella guarida del demonio.

El propietario se encontraba miserablemente nervioso e indeciso. Comprendía que, si no afrontaban el peligro, su hotel estaría arruinado, pero tampoco sentía el menor deseo de enfrentarse personalmente con aquello.

La ventana tapiada

Un día encontraron a Murlock muerto en su cabaña. No eran aquel tiempo ni aquel lugar propicios para médicos forenses y periódicos, y supongo que se decidió que había muerto por causas naturales; de no haber sido así, seguramente me lo habrían contado y yo lo recordaría. Sólo sé que, obedeciendo quizá a cierta idea de lo que era apropiado, enterraron el cuerpo cerca de la cabaña, junto a la tumba de su esposa, que había muerto tantos años antes que la tradición local apenas conservaba un vestigio de su existencia.

El novio espectro

Una historia terrible produjo otra todavía más terrible, y el barón casi provocó un ataque de histeria a varias de las damas cuando relató la historia del jinete espectral que se llevó consigo a la hermosa Leonora: una espantosa narración que desde entonces ha sido convertida en excelentes versos y es leída y creída por todo el mundo.

Historia de Worms

Mientras permanecía allí acostada y despierta, vio acercarse al lecho a una hermosa criatura, vestida con magníficas ropas, con oro y seda.
La criatura dijo a la novia:
—¡Insolente! ¿Por qué te has acostado junto a mi novio, que se desposó conmigo dentro de un árbol?
La novia respondió:
—Eso no es verdad. Él es mi novio. Hoy mismo he celebrado mi boda con él. Por tanto, ¡vete de aquí!
Cuando la hermosa criatura oyó esto, agarró a la novia y la estranguló.

El retrato oval

El retrato, como ya he dicho, representaba a una joven. Sólo mostraba la cabeza y los hombros, ejecutados en lo que técnicamente se denomina estilo de viñeta, muy semejante a las cabezas predilectas de Sully. Los brazos, el pecho e incluso las puntas de su brillante cabellera se desvanecían imperceptiblemente en la vaga y profunda sombra que constituía el fondo del cuadro.

Una noche de verano

El hecho de que Henry Armstrong hubiera sido enterrado no le parecía una prueba de que estuviera muerto: siempre había sido un hombre difícil de convencer. Que realmente estaba enterrado, sin embargo, era algo que el testimonio de sus sentidos lo obligaba a admitir.

La mano

—Sí, señora, es probable que nunca se sepa nada. En cuanto a la palabra «sobrenatural» que acaba usted de emplear, no tiene cabida en este asunto. Nos encontramos ante un crimen concebido y ejecutado con tanta habilidad, tan perfectamente envuelto en el misterio, que no podemos separarlo de las circunstancias impenetrables que lo rodean.

El novio bandido

—¡Pobre niña! —dijo—. ¿Sabes dónde has entrado? Has entrado en una guarida de bandidos. Tu novio no es un hombre honrado. Es un asesino. Cuando vuelva con sus compañeros, te matarán, te despedazarán, te cocinarán y te comerán. Si no te escondo, estás perdida.

La muerta

Cuando terminó de escribir, el muerto, inmóvil, contempló su obra. Y al volverme, advertí que todas las tumbas estaban abiertas, que todos los cadáveres habían salido de ellas, que todos habían borrado las mentiras inscritas por los parientes sobre la piedra funeraria, para restablecer allí la verdad.