Cuentos

Relatos donde la penumbra siempre sabe tu nombre.

El retrato oval

El retrato, como ya he dicho, representaba a una joven. Sólo mostraba la cabeza y los hombros, ejecutados en lo que técnicamente se denomina estilo de viñeta, muy semejante a las cabezas predilectas de Sully. Los brazos, el pecho e incluso las puntas de su brillante cabellera se desvanecían imperceptiblemente en la vaga y profunda sombra que constituía el fondo del cuadro.

Una noche de verano

El hecho de que Henry Armstrong hubiera sido enterrado no le parecía una prueba de que estuviera muerto: siempre había sido un hombre difícil de convencer. Que realmente estaba enterrado, sin embargo, era algo que el testimonio de sus sentidos lo obligaba a admitir.

La mano

—Sí, señora, es probable que nunca se sepa nada. En cuanto a la palabra «sobrenatural» que acaba usted de emplear, no tiene cabida en este asunto. Nos encontramos ante un crimen concebido y ejecutado con tanta habilidad, tan perfectamente envuelto en el misterio, que no podemos separarlo de las circunstancias impenetrables que lo rodean.

El novio bandido

—¡Pobre niña! —dijo—. ¿Sabes dónde has entrado? Has entrado en una guarida de bandidos. Tu novio no es un hombre honrado. Es un asesino. Cuando vuelva con sus compañeros, te matarán, te despedazarán, te cocinarán y te comerán. Si no te escondo, estás perdida.

La muerta

Cuando terminó de escribir, el muerto, inmóvil, contempló su obra. Y al volverme, advertí que todas las tumbas estaban abiertas, que todos los cadáveres habían salido de ellas, que todos habían borrado las mentiras inscritas por los parientes sobre la piedra funeraria, para restablecer allí la verdad.

La Venus de Ille

Me aferré sin demasiados miramientos al cuello de la Venus, con la que comenzaba ya a familiarizarme. Incluso la miré un instante muy de cerca y la encontré, a esa distancia, aún más malvada y más hermosa. Después advertí que en el brazo había grabados algunos caracteres en escritura cursiva antigua, al parecer

La historia de la vieja nodriza

Entonces el viejo lord reunió a todos sus criados y les dijo, entre juramentos terribles y palabras más terribles todavía, que su hija lo había deshonrado y que la había arrojado de la casa, a ella y a su niña; y que si alguno les daba ayuda, alimento o refugio, rogaba que jamás entrara en el cielo.

Té verde

El interior del ómnibus estaba casi oscuro. Había advertido, en el rincón opuesto a mí, del otro lado, y en el extremo más cercano a los caballos, dos pequeños reflejos circulares que me parecieron de una luz rojiza. Estaban separados unas dos pulgadas y eran aproximadamente del tamaño de esos pequeños botones de latón que los hombres de yate solían llevar en la chaqueta.

La casa del juez

Allí, sentado en el gran sillón de roble tallado y respaldo alto, estaba el juez con sus ropas de escarlata y armiño, mirándolo vengativamente con sus ojos malignos, y una sonrisa de triunfo en la firme y cruel boca, mientras levantaba con las manos una cofia negra.