Cuento
La mujer alta
La mujer alta se echó á reir y me señaló ignominiosamente con el abanico, cual si hubiese leído en mi pensamiento y denunciase al público mi cobardía…—Yo tuve que apoyarme en el brazo de un amigo para no caer al suelo, y entonces ella hizo un ademán compasivo ó desdeñoso, giró sobre los talones y penetró en el Campo Santo.