Leyenda
El Judío Errante
La leyenda lo imagina apareciendo en ciudades distintas, siglos distintos y lenguas distintas. Se le ve cruzar caminos, puertos, plazas, mercados y fronteras. Envejece, pero no termina de morir; a veces incluso recupera la apariencia que tenía al momento de su condena. Es un testigo imposible de la historia: ve caer reinos, cambiar credos, extenderse las pestes y renovarse las guerras, pero nada de eso le concede descanso.