Cuento
Té verde
El interior del ómnibus estaba casi oscuro. Había advertido, en el rincón opuesto a mí, del otro lado, y en el extremo más cercano a los caballos, dos pequeños reflejos circulares que me parecieron de una luz rojiza. Estaban separados unas dos pulgadas y eran aproximadamente del tamaño de esos pequeños botones de latón que los hombres de yate solían llevar en la chaqueta.