Cuento
El guardavía
—Nunca me he equivocado en eso, señor. Jamás he confundido el sonido del espectro con el de los hombres. El toque del fantasma es una extraña vibración en la campanilla que no proviene de ninguna otra cosa, y no he afirmado que la campanilla se mueva a la vista. No me sorprende que usted no lo oyera. Pero yo lo oí.