En el folclore de Angola aparecen los dikishi seres capaces de convivir con los hombres, recibir viajeros en sus aldeas e incluso formar familias con seres humanos. A primera vista, nada necesariamente los distingue de quienes los rodean. Sin embargo, detrás de esa apariencia cotidiana se encuentran criaturas antropófagas cuya naturaleza monstruosa termina revelándose tarde o temprano. Son seres que aparecen en varias narraciones tradicionales recogidas a finales del siglo XIX entre hablantes de kimbundu.
Una de las principales fuentes para conocerlos es Folk-Tales of Angola, obra publicada en 1894 por el lingüista y folklorista suizo Héli Chatelain. Durante varios años, Chatelain reunió relatos directamente de informantes angoleños y publicó tanto los textos en kimbundu como sus traducciones al inglés. En esas historias aparecen los términos dikishi, para referirse a uno de estos seres, y makishi, en plural.
Los makishi pueden habitar aldeas, mantener relaciones con personas comunes y comportarse aparentemente como seres humanos, pero poseen una característica constante: comen carne humana.
Los amigos que esperaban a que te durmieras
Uno de los relatos más inquietantes recopilados por Chatelain es conocido como The Girls and the Ma-kishi. En él, tres jóvenes acostumbraban visitar una aldea habitada por makishi. Sus anfitriones las recibían con normalidad, les ofrecían comida, preparaban esteras para que descansaran y conversaban con ellas durante la noche.
Nada parecía indicar peligro.
En una de aquellas visitas, sin embargo, las mujeres llevaron consigo a una hermana menor. Mientras las demás se preparaban para dormir, la niña permaneció despierta y escuchó algo que sus compañeras nunca habían advertido. Desde el exterior de la casa, los makishi preguntaban repetidamente si sus visitantes ya estaban dormidas.
La pequeña comprendió que esperaban el momento adecuado para entrar, asesinarlas y devorarlas.
Para impedirlo comenzó a responder mediante una canción, asegurando que todavía permanecían despiertas. Cada vez que los makishi preguntaban si finalmente habían conciliado el sueño, la niña inventaba una nueva necesidad: tenían hambre, después sed y posteriormente frío.
Los monstruos regresaban una y otra vez con comida, bebida o telas, convencidos de que tarde o temprano las jóvenes terminarían dormidas. La estrategia permitió prolongar la noche hasta que cantaron los gallos y desapareció la oportunidad de atacar.
La noche siguiente las muchachas mayores decidieron mantenerse despiertas y comprobar por sí mismas lo que la niña les había contado. Escucharon entonces las mismas preguntas provenientes del exterior y comprendieron finalmente que quienes durante tanto tiempo habían considerado amigos esperaban únicamente el momento adecuado para convertirlas en alimento.
Las jóvenes escaparon.
Los makishi descubrieron la fuga y comenzaron a seguirlas hasta encontrar sus huellas junto a un río crecido. Las mujeres consiguieron refugiarse en un árbol mientras sus perseguidores comenzaron a golpear el tronco con hachas, esperando derribarlo y alcanzar a sus víctimas.
Mientras trabajaban, celebraban anticipadamente el banquete que pensaban darse.
La salvación llega mediante la intervención de un halcón, que ayuda a las fugitivas a atravesar el río poco antes de que el árbol termine cayendo.
El relato convierte a los makishi en algo más inquietante que simples monstruos salvajes. Sus víctimas ya los conocían. Habían visitado anteriormente su poblado, compartido comida con ellos e incluso dormido bajo su techo sin comprender lo que realmente ocurría durante aquellas noches.
Los hijos de dos cabezas
Otro relato de la misma colección permite conocer algo más sobre la apariencia atribuida a estos seres.
En The Kianda and the Young Woman, un dikishi captura a una mujer y termina convirtiéndola en su esposa. La joven queda embarazada y da a luz a un niño que posee una sola cabeza.
Para el dikishi aquello resulta extraño.
Cuando la mujer vuelve a quedar embarazada, su marido le advierte que si el siguiente hijo también nace con una sola cabeza llamará a los demás makishi para que la devoren. El segundo niño, en cambio, nace con dos cabezas.
El episodio sugiere que, dentro de aquel universo narrativo, poseer más de una cabeza podía considerarse una característica propia de los makishi, mientras que la anatomía humana era vista por ellos como una anomalía.
La mujer finalmente intenta escapar junto a su primer hijo, pero durante la huida otro dikishi detecta el olor humano. Los encuentra mientras duermen y los devora.
La multiplicidad de cabezas aparece también en otras tradiciones angoleñas relacionadas con criaturas antropófagas. Algunas interpretaciones posteriores han intentado relacionar estos relatos con recuerdos deformados de antiguos pueblos, cazadores o grupos enemigos, aunque tales explicaciones pertenecen al terreno de la interpretación etnográfica y no pueden considerarse acontecimientos históricos demostrados.
El enemigo de Sudika-Mbambi
Los makishi aparecen asimismo vinculados con uno de los grandes héroes de las narraciones tradicionales angoleñas: Sudika-Mbambi.
En el ciclo recogido por Chatelain, estas criaturas atacan y destruyen una comunidad mientras uno de sus principales defensores se encuentra ausente. Tiempo después nace Sudika-Mbambi, un niño extraordinario al que se atribuyen facultades sobrenaturales desde antes de su nacimiento.
Cuando crece, el héroe decide enfrentarse a los responsables de aquella destrucción.
Las aventuras de Sudika-Mbambi fueron retomadas posteriormente por la folklorista Alice Werner en Myths and Legends of the Bantu, publicada en 1933. Werner identifica a los makishi del relato como monstruos caníbales y los sitúa entre los adversarios sobrenaturales a los que debe enfrentarse el héroe durante su viaje.
De esta manera, los makishi no aparecen únicamente como depredadores nocturnos o habitantes de aldeas extrañas. También cumplen el papel de enemigos dentro de relatos heroicos mucho más amplios.
¿Y la cabeza de hiena?
La imagen más conocida actualmente del dikishi es muy diferente.
Numerosas páginas, ilustraciones y recopilaciones modernas describen a un hombre extraordinariamente atractivo que utiliza su apariencia para acercarse a mujeres. Detrás de la cabeza, oculta bajo una larga cabellera, tendría un segundo rostro semejante al de una hiena.
Cuando consigue aislar a su víctima, revelaría aquellas fauces ocultas y la devoraría.
La imagen es poderosa y explica buena parte de la popularidad moderna del monstruo, pero existe un problema: esta descripción no aparece de esa manera en los principales relatos antiguos recopilados por Chatelain.
En sus historias encontramos antropofagia, makishi capaces de convivir con humanos, descendencia monstruosa y criaturas relacionadas con la existencia de varias cabezas. Sin embargo, el célebre rostro de hiena situado detrás de una apariencia humana no ocupa el lugar central que posteriormente adquiriría en las versiones populares de Internet.
Tampoco Alice Werner reproduce esa descripción cuando recupera décadas después algunas de estas tradiciones.
Esto no significa necesariamente que nunca haya existido una variante oral semejante, pues el folclore no permanece inmóvil y muchas historias circulan durante generaciones sin quedar registradas por escrito. Pero sí obliga a ser cuidadosos: presentar la imagen contemporánea del hombre con una hiena detrás de la cabeza como si hubiese sido exactamente la criatura descrita por Chatelain en 1894 sería ir más allá de lo que permiten afirmar las fuentes.
El dikishi que hoy domina las ilustraciones parece ser, al menos en buena medida, el resultado de una transformación posterior de tradiciones mucho más diversas sobre los makishi.
Lo que representa
Hay una característica especialmente inquietante en estas historias: los makishi no siempre necesitan aparentar ser monstruos.
En The Girls and the Ma-kishi, las jóvenes conocen a sus futuros depredadores. Han convivido con ellos, aceptado su hospitalidad y dormido en sus casas. Los makishi tampoco muestran inmediatamente su verdadera intención. Esperan.
El peligro se encuentra precisamente en esa normalidad.
Sólo cuando una niña permanece despierta durante la noche descubre que detrás de la amistad existe otra realidad. Los anfitriones que preparaban comida y ofrecían un lugar donde dormir estaban esperando que sus huéspedes quedaran indefensos.
El monstruo no aparece llegando desde el bosque.
Ya estaba dentro de la casa.
Esa idea permite entender buena parte de la fuerza del relato: la amenaza que se esconde detrás de aquello que parecía familiar y la necesidad de permanecer atento cuando todos los demás han bajado la guardia.
Similitudes
Los makishi forman parte de un universo mucho más amplio de seres antropófagos presentes en las tradiciones de numerosos pueblos africanos. Al igual que ocurre con ogros y monstruos de otras culturas, aparecen asociados con la voracidad desmesurada, la deformidad corporal y el peligro que acecha a quienes abandonan el territorio conocido.
Pero reducirlos simplemente a una versión africana del ogro europeo eliminaría precisamente aquello que los hace interesantes.
Los relatos kimbundu poseen nombres, personajes, estructuras narrativas y concepciones sobrenaturales propias. En ellos, los makishi pueden formar comunidades, casarse con seres humanos, tener descendencia y mantener relaciones prolongadas con quienes posteriormente podrían convertirse en sus víctimas.
La criatura moderna del doble rostro añade otra dimensión: el depredador oculto detrás de una apariencia agradable.
Quizá por eso aquella versión terminó imponiéndose en las representaciones contemporáneas. Resume en una sola anatomía algo que los relatos antiguos ya sugerían de otra manera: aquello que vemos puede no ser la verdadera naturaleza de quien tenemos delante.
Fuentes
Chatelain, Héli. Folk-Tales of Angola: Fifty Tales, with Ki-Mbundu Text, Literal English Translation, Introduction, and Notes. Boston y Nueva York: American Folk-Lore Society, 1894. Fuente fundamental para los relatos sobre los makishi, incluidos The Girls and the Ma-kishi, The Kianda and the Young Woman y el ciclo de Sudika-Mbambi.
African Folk Tale Library, Morgan State University. Archivo dedicado a relatos africanos históricos que conserva y reproduce textos recopilados por Chatelain, incluyendo versiones en kimbundu y sus traducciones.
Werner, Alice. Myths and Legends of the Bantu. Londres: George G. Harrap & Co., 1933. Incluye una reelaboración y análisis de distintas tradiciones bantúes, entre ellas el ciclo de Sudika-Mbambi y sus enfrentamientos con los makishi.