Leyenda

¿Qué fue de Helena de Troya?

Durante más de tres mil años, el nombre de Helena de Troya ha permanecido unido a una de las guerras más célebres de la Antigüedad; su belleza fue considerada capaz de movilizar reyes, levantar ejércitos y provocar la caída de una ciudad que parecía inexpugnable.

Sin embargo, una vez que Troya ardió y los vencedores emprendieron el regreso a casa, ocurrió algo inesperado: los propios griegos dejaron de ponerse de acuerdo sobre el destino de la mujer que había dado origen a la leyenda.

Mientras Aquiles, el poderoso guerrero, encontró la muerte frente a las murallas, Odiseo, el estratega, regresó finalmente a Ítaca, y Agamenón, el alto rey, fue asesinado al volver a Micenas, Helena pareció escapar incluso de los poetas.

Algunas tradiciones aseguraban que recuperó el trono de Esparta junto a su legítimo esposo, Menelao; otras afirmaban que fue ejecutada años después en la isla de Rodas. Hubo incluso quienes sostuvieron que jamás estuvo en Troya y que toda la guerra se libró por una ilusión creada por los dioses.

La versión más antigua pertenece a Homero y presenta el desenlace más sereno: Después de la caída de Troya, Menelao recuperó a su esposa y ambos iniciaron un largo viaje de regreso que terminó en Esparta. Años más tarde, la Odisea muestra a la pareja reinando nuevamente en su palacio cuando Telémaco llega en busca de noticias sobre su padre, una escena que deja claro que, al menos para el poeta, Helena había sido perdonada y ocupaba otra vez el lugar que le correspondía como reina.

Con el paso de los siglos, aquella reconciliación dejó de convencer a muchos autores y comenzaron a surgir finales mucho más oscuros; la tradición recogida por Pausanias narra que, tras la muerte de Menelao, Helena fue expulsada de Esparta y encontró refugio en Rodas, donde gobernaba Polixo, viuda de Tlepólemo, uno de los héroes griegos caídos durante la guerra. La reina la recibió con cortesía, aunque en realidad llevaba años esperando la oportunidad de vengar la muerte de su esposo.

Según el relato, Polixo ordenó a varias sirvientas disfrazarse como las Erinias, las antiguas diosas de la venganza, para sorprender a Helena mientras se bañaba, luego las mujeres la apresaron y la colgaron de un árbol, poniendo fin a la vida de quien alguna vez había sido considerada la mujer más hermosa del mundo. La leyenda explica además la existencia de un antiguo santuario rodio dedicado a Helena Dendritis, “Helena del Árbol”, lo que hace pensar que el relato nació para justificar un culto mucho más antiguo.

Pero ninguna versión resulta tan sorprendente como la escrita por Eurípides, pues en su tragedia Helena, el dramaturgo plantea que la verdadera reina nunca abandonó Grecia junto a Paris. Hera, enemiga de los troyanos, creó una copia perfecta de Helena hecha de aire y nubes, mientras la auténtica era trasladada secretamente a Egipto. Durante diez años, griegos y troyanos combatieron convencidos de luchar por la mujer más bella del mundo, cuando en realidad perseguían un simple fantasma.

Existe todavía un cuarto destino para Helena, menos conocido pero igualmente fascinante; algunas tradiciones posteriores recordaban que era hija de Zeus y, por tanto, poseía una naturaleza distinta a la de los mortales. En lugar de morir como cualquier ser humano, habría sido conducida a las Islas de los Bienaventurados o a la isla Blanca, donde terminó unida a Aquiles, el mayor héroe de la guerra que había marcado para siempre la vida de ambos.

Detrás de la leyenda

Lo extraordinario de Helena no es únicamente su papel en la Guerra de Troya, sino la cantidad de finales diferentes que los griegos imaginaron para ella. Homero escribió la versión más antigua y la devolvió a Esparta junto a Menelao, mientras que siglos después Eurípides reinterpretó toda la historia para convertirla en una víctima de los dioses. Pausanias, por su parte, no intentó corregir a ninguno de los dos, sino conservar las tradiciones locales que todavía sobrevivían en distintas regiones de Grecia.

La historia de Rodas resulta especialmente interesante porque probablemente nació para explicar un antiguo santuario dedicado a Helena Dendritis; en otras palabras, es posible que primero existiera el culto religioso y que, con el paso del tiempo, surgiera la leyenda de su ejecución para justificar el nombre del templo. Este fenómeno era relativamente común en el mundo antiguo, donde muchos mitos funcionaban como explicación de ceremonias o lugares cuya verdadera antigüedad ya nadie recordaba.

Eurípides siguió un camino completamente distinto, pues su tragedia no buscaba ampliar la leyenda, sino cuestionarla, al convertir a Helena en una mujer inocente sustituida por un doble creado por Hera, transformó la Guerra de Troya en una reflexión sobre las apariencias y la facilidad con la que los hombres pueden destruirse persiguiendo una mentira.

Lo que representa

Pocas figuras femeninas han cargado con un peso simbólico comparable al de Helena. Durante siglos fue presentada como la responsable de una guerra que, en realidad, también nació de juramentos políticos, ambiciones personales y decisiones tomadas por los propios dioses. Cada nueva versión de su destino parece responder a una pregunta distinta: ¿merecía ser perdonada, castigada o absuelta por completo?

Sus diferentes finales también muestran cómo evolucionan los mitos con el paso del tiempo, pues diferencia de otros héroes cuyo destino quedó fijado desde muy temprano, Helena continuó transformándose conforme cambiaban las ideas religiosas, filosóficas y literarias del mundo griego. Más que una mujer, terminó convirtiéndose en un símbolo capaz de adoptar nuevas formas sin perder jamás su identidad.

Similitudes con otras leyendas

El caso de Helena recuerda al del rey Arturo, cuyo final también quedó envuelto en distintas tradiciones. Para algunos murió en la batalla de Camlann; para otros fue llevado a la isla de Avalón, donde permanece dormido hasta el día en que Inglaterra vuelva a necesitarlo. Ambos personajes demuestran que las grandes figuras legendarias rara vez reciben un único desenlace.

Fuentes de referencia

Homero, Odisea (Libro IV). La fuente más antigua que narra el regreso de Helena a Esparta y su reconciliación con Menelao, estableciendo el desenlace clásico del mito.

Pausanias, Descripción de Grecia (Libro III). Conserva la tradición de Rodas sobre la muerte de Helena y explica el culto a Helena Dendritis, una de las variantes más oscuras de la leyenda.

Eurípides, Helena. Reinterpreta por completo el mito al presentar a la verdadera Helena refugiada en Egipto y sustituida por un doble creado por los dioses.

Heródoto, Historias (Libro II). Recoge una tradición temprana que sitúa a Helena en Egipto durante la guerra, antecedente directo de la versión desarrollada posteriormente por Eurípides.