Testimonio

“El dinero bajo la piedra es tuyo”

Testimonio real — Dinero enterrado /aviso fantasmal
Ubicación: Guanajuato, México
Fecha: Sin precisar
Relator: Gregorio Díaz

Mi tío era campesino en el estado de Guanajuato y durante años nos contó una historia que nunca olvidamos: el dinero bajo la piedra.

En una ocasión estaba arando la tierra cuando el arado chocó contra una piedra.

Entonces escuchó una voz a sus espaldas.

—Raúl, el dinero que está debajo de la piedra es tuyo. Tómalo.

Mi tío volteó para ver quién le había hablado, pero no había nadie.

Miró alrededor y no encontró a ninguna persona cerca. Pensó que quizá había escuchado mal y decidió seguir trabajando sin prestarle demasiada atención.

Pero volvió a suceder.

En otra ocasión, mientras araba el mismo terreno, el arado volvió a pegar contra una piedra y escuchó exactamente la misma voz.

—Raúl, el dinero que está debajo de la piedra es tuyo. Tómalo.

Y después ocurrió nuevamente.

Siempre era igual.

El arado chocaba contra la piedra y, a sus espaldas, alguien le decía que debajo había dinero y que era suyo.

Mi tío nunca lograba ver a nadie.

Hasta que un día tuvo miedo.

Cuando volvió a escuchar aquella voz, se persignó y salió corriendo del lugar. No quiso averiguar qué había debajo de la piedra.

Unos meses después fuimos a visitar a su familia y nos contó lo que le había sucedido.

Nosotros no pensamos tanto en el miedo. Pensamos en el dinero.

Le dijimos:

—Vamos a buscar la piedra y a sacar el dinero.

Fuimos con él al terreno e intentamos localizar el lugar donde aseguraba haber escuchado la voz, pero nunca encontramos la piedra.

Buscamos y buscamos.

No apareció.

Al final nos decepcionamos y con el tiempo dejamos de hablar del asunto.

Pasaron muchos años.

Entonces ocurrió algo cerca de aquel terreno.

La familia de otro campesino encontró muerto a uno de los suyos dentro de una zanja. Junto al cuerpo había una olla llena de monedas de oro.

Eran lo que en México llamamos centenarios.

Cuando mi tío se enteró, recordó inmediatamente la voz que había escuchado tantos años atrás mientras trabajaba la tierra.

Y nos dijo algo que nunca olvidamos:

—Qué bueno que yo no le hice caso al muertito.

Nunca supimos si aquellas monedas eran el dinero que la voz trataba de entregarle, ni quién le hablaba cuando el arado golpeaba la piedra.

Pero después de que aquel hombre apareció muerto junto a la olla de oro, mi tío nunca se arrepintió de haber salido corriendo.

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