Testimonio real — Brujería
Ubicación: Preparatoria 5 de la UNAM, Ciudad de México
Fecha: 1983
Relatora: Ángeles García
Iba yo en la Prepa 5, corría el año de 1983 cuando conocí ahí a mi mejor amiga, Maricruz. Además de ser compañeras de grupo, muy pronto nos volvimos cercanas; ella tenía un hermano llamado Alejandro, que estudiaba en otro salón.
Alejandro era un muchacho muy guapo, también era deportista, fuerte, fornido, de esos jóvenes que llamaban la atención sin proponérselo. Todos los días lo saludaba, porque además de atractivo era muy agradable; tenía una sonrisa fácil, una forma tranquila de tratar a los demás y una presencia que se notaba en los pasillos.
Un día me enteré de que ya tenía novia: La muchacha se llamaba Laura.
A mí me sorprendió, porque ella parecía no tener nada que ver con él, era todo lo opuesto. No lo digo con mala intención, simplemente era la impresión que nos daba a quienes los veíamos juntos. Nadie se explicaba muy bien cómo Alejandro andaba con ella, y menos todavía cuando empezamos a notar que, poco a poco, su sonrisa y su carisma se iban apagando.
Pasó el tiempo y Alejandro comenzó a cambiar de una manera que me pareció alarmante, lo vi cada vez más delgado, más demacrado; empezó a usar una sudadera con la capucha puesta, como si quisiera cubrirse el rostro. Aquello me pareció raro, pues ya no saludaba, ya no miraba a nadie, ya no establecía contacto con sus compañeros ni con las personas que antes trataba con naturalidad.
Solo parecía tener contacto con su novia.
Un día, mientras yo estaba con mi amiga Maricruz, Alejandro se detuvo a hablar con ella, fue entonces cuando pude verle bien la cara. Estaba muy delgado, hinchado, amoratado, su rostro no se parecía al del muchacho fuerte y sonriente que yo había conocido.
Le pregunté a Maricruz qué le había pasado, pero no quiso decirme nada, tuvieron que pasar varios días para que al fin se animara a contarme lo que estaba ocurriendo en su casa: Me dijo que su familia estaba desesperada.
Según Maricruz, Alejandro quería terminar con Laura, todos le habían advertido que esa chica no era la ideal para él, que desde que estaba con ella ya no era el mismo, que lo dominaba, lo manipulaba, lo anulaba. Pero cuando él intentó dejarla, comenzaron a suceder cosas que nadie podía explicar.
Cada noche, algo golpeaba a Alejandro dentro de su habitación, se escuchaban ruidos, golpes, movimientos violentos, y después los gritos de él pidiendo ayuda. Su familia intentaba entrar, pero la puerta no se podía abrir. No importaba cuánto forcejearan: la puerta permanecía cerrada hasta que aquello terminaba.
Cuando por fin lograban entrar, encontraban a Alejandro golpeado, temblando de miedo, completamente destruido.
Maricruz me dijo que eso ocurría cuando él estaba solo, sobre todo por las noches, al principio tal vez quisieron explicarlo de alguna manera, pensar que era una crisis, una pesadilla, algo que él mismo provocaba sin darse cuenta. Pero llegó un momento en que ya no pudieron seguir negando lo que pasaba.
Una vez, mientras Alejandro estaba en una habitación y comenzó de nuevo el ataque, su madre y Maricruz lograron forzar la puerta y entraron antes de que aquello terminara, lo que vieron las llenó de terror.
Según me contó mi amiga, dentro de la habitación había una gran sombra negra, flotante, golpeando a Alejandro; su madre, que era una mujer alta, delgada, morena, nacida en Oaxaca, quiso intervenir. Se acercó para detener aquello, para proteger a su hijo, entonces la sombra se giró hacia ella y también la golpeó.
Maricruz me dijo que Alejandro lloraba, que ya no podía más, no podía defenderse, no podía ayudar a su madre, solo estaba ahí, atrapado en medio de algo que parecía tenerlo completamente sometido.
Mi amiga lo vio todo atónita, llorando, sin saber qué hacer; después de que la madre de Alejandro constató con sus propios ojos lo que sucedía, decidió llevarlo a su pueblo en Oaxaca. Buscaba a alguien que supiera romper trabajos de brujería, alguien que pudiera salvar la vida de su hijo, un chamán, otro brujo, quien fuera.
Pero nada funcionó del todo; la sombra, según me contó Maricruz, los siguió; la persona que intentó ayudarlos les dijo que aquello era brujería pura. Que no se trataba de una enfermedad ni de una simple sugestión, sino de un trabajo negro lanzado contra Alejandro por esa novia que no aceptaba que él quisiera dejarla.
También les dijeron que era un espíritu fuerte, malvado, y que el trabajo estaba hecho con tierra de panteón. Según esa explicación, habían “enterrado” a Alejandro: su esencia, su espíritu o algo de él había sido colocado simbólicamente en tierra de cementerio para someterlo.
Un día dejé de ver a Alejandro en la preparatoria, cuando le pregunté a Maricruz por él, me dijo que su madre lo había mandado a Estados Unidos, con su padre, que vivía allá. También me dijo que alguien seguía trabajando para liberarlo; la sombra, según ella, aún lo atacaba, pero ya no con tanta frecuencia.
Laura también desapareció; así se llamaba aquella chica: Laura. La recuerdo delgada, sin expresión, sin una sonrisa, siempre caminaba muy erguida, abrazando con firmeza sus cuadernos contra el pecho, con la mirada fija hacia el frente, como si no viera a nadie. O como si no necesitara vernos.