Testimonio real — Apariciones asegurando: “no somos malas”
Ubicación: Chimalhuacán, Estado de México / Fray Servando, Ciudad de México
Fecha: Sin precisar
Relator: Misael
Esta historia debe ser directa: una noche estaba en mi cuarto cuando de la nada se me aparecieron dos niñas, dos fantasmas o solo Dios que sean, que grabaron para siempre tres palabras en mi mente: “No somos malas”. Tenía 16 años y vivía en Chimalhuacán, Estado de México.
Con los años, ya no recuerdo ahora todos los detalles de cómo iban vestidas o exactamente qué edad tendrían, pero eran dos niñas y se acercaron hasta donde yo estaba acostado. Entonces me agarraron de los pies.
Por supuesto que me asusté. De pronto tenía a esas dos niñas ahí, junto a mi cama. Pero ellas me hablaron.
Me dijeron que no me preocupara, que no eran malas.
Eso es lo que más recuerdo de aquella noche.
Después se fueron.
Nunca volví a verlas.
Pasaron los años y aquella experiencia quedó como algo raro que me había sucedido. No sabía quiénes eran, por qué habían aparecido en mi habitación ni qué querían de mí. Tampoco volvió a suceder nada parecido mientras viví ahí. Hasta llegué a pensar que había sido solo un sueño
Ya siendo un adulto de 27 años me fui a vivir a la Ciudad de México, donde compartía una vivienda por la zona de Fray Servando con un roomie.
Un día, mi roomie me dijo que ya no quería seguir viviendo conmigo en ese lugar.
Le pregunté por qué.
Entonces me contó algo que inmediatamente me hizo recordar aquella noche.
Me dijo que estando él solo había visto a dos niñas.
No solo eso, las había visto entrar en mi cuarto.
Cuando me dijo eso me quedé sorprendido porque yo nunca le había contado lo que me había sucedido. Él no sabía nada de aquellas dos niñas que se habían aparecido junto a mi cama en Chimalhuacán, ni sabía que me habían agarrado de los pies, ni que habían hablado conmigo.
No tenía manera de relacionar una historia con la otra porque, hasta ese momento, yo jamás se la había contado.
Y, sin embargo, años después, en otra casa, él también había visto a dos niñas.
Lo que más lo inquietó fue que no simplemente las vio dentro de la vivienda.
Las vio entrar precisamente a mi habitación.
No sé quiénes son.
No sé si las niñas que vio mi roomie son las mismas que yo vi cuando era niño. Tampoco sé por qué, si realmente son ellas, volvieron a aparecer tantos años después. O por qué me siguieron.
Lo peor es que si hubiera ocurrido en la misma casa, quizá habría pensado que había algo extraño en ese lugar, pero no era así. Entre aquella noche de mi infancia en Chimalhuacán y lo que vio mi roomie en Fray Servando habían pasado años, además de que eran dos viviendas completamente distintas.
La única persona presente en ambas historias era yo, aunque en la segunda ocasión ni siquiera fui yo quien vio a las niñas.
Yo nunca he vuelto a verlas. Tampoco quiero hacerlo, no es una experiencia que quiera repetir ni se la deseo a nadie.
Pero desde lo que vio mi ahora exroomie, no he podido dejar de pensar en aquella primera noche, en Chimalhuacán, cuando se acercaron a mi cama, me tomaron de los pies y, como si supieran que estaba muy asustado, me dijeron algo que todavía recuerdo y que espero que sea verdad.
Que no me preocupara.
“No somos malas”
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