Autor

Ambrose Bierce

Todo lo que este nombre ha dejado en el archivo.

La ventana tapiada

Un día encontraron a Murlock muerto en su cabaña. No eran aquel tiempo ni aquel lugar propicios para médicos forenses y periódicos, y supongo que se decidió que había muerto por causas naturales; de no haber sido así, seguramente me lo habrían contado y yo lo recordaría. Sólo sé que, obedeciendo quizá a cierta idea de lo que era apropiado, enterraron el cuerpo cerca de la cabaña, junto a la tumba de su esposa, que había muerto tantos años antes que la tradición local apenas conservaba un vestigio de su existencia.

Una noche de verano

El hecho de que Henry Armstrong hubiera sido enterrado no le parecía una prueba de que estuviera muerto: siempre había sido un hombre difícil de convencer. Que realmente estaba enterrado, sin embargo, era algo que el testimonio de sus sentidos lo obligaba a admitir.

La cosa maldita

El testigo Harker se dirigió a la ventana abierta y se inclinó sobre el alféizar, desfallecido y con náusea. Dejando caer el pañuelo sobre el cuello del muerto, el forense fue hasta un rincón de la habitación y, de un montón de ropa, fue sacando una prenda tras otra, sosteniéndola un instante para que la inspeccionaran. Todas estaban desgarradas y tiesas de sangre.